Estoy escribiendo una nueva historia….

Paisaje 7

Estoy escribiendo una nueva historia. ARCANA va genial, pero en este momento siento que quiero hacer algo un poco distinto. Veo esta vieja fotografía, de viejos viajes a su vez, y pienso en muchas cosas. La costa se ve tan amplia que pareciese alejar el horizonte, pero al mismo es como si armara un camino a los lugares más distantes; hacia aquello que está más lejos…

Quiero llamar mi historia “El rumor de la espuma”. Será corta; algo así como un cuento novelado, pero todavía está en fase de desarrollo, así que todo podría cambiar. Para mí mientras más abstracta mejor, porque así cada quien puede ver algo distinto, un pedazo de sí mismos en ella: así como yo veo un motivo en la espuma del mar.

La idea está en mi cabeza, y es fascinante. Espero poder terminarla y publicarla cuanto antes.

Lo que no me mata me hace más fuerte

El fantasma de la ambición me persigue
me pierde entre pasillos descuidados,
entre espejos rotos,
entre paredes que se derrumban.

El cielo oscurece,
la Torre se cae
y de entre las ruinas
aparece la silueta ambigua de la grandeza.

Megalómano, desierto, vacío;
¿no era oda y gloria lo que buscaba?

No busco eso, y creo que nadie lo busca realmente.
No hay tranquilidad alguna en el sonido de las grietas
ni las formas de la violencia que se muestran tal y como son,
después del mito y de la tragedia.


Augurio #1:
Busca un final feliz.

#ambicion, #estado, #grandeza, #megalomania, #poema, #sufrimiento

Adiós a Otto

Hoy murió Otto, el perro de mi padre, el guardián de la casa, viejo compañero de Faraón y Emperador, cachorro adoptado de Cleopatra. Hoy se reencontrará con su manada, de eso no me queda la menor duda. Le dedico estas palabras a quien fue un amigo fiel como pocos en la vida…

#familia, #mascota, #otto

Recordatorio de lo que nos hizo libres

Artículo original, BBC Mundo.

Sobre el Bicentenario de Colombia y su relación directa con Venezuela.


La historia de nuestras naciones, Colombia y Venezuela, es compleja y a la vez sencilla de entender. Compartimos no solo las raíces, sino también los mismos problemas sociales y culturales. La política, que no es sino la representación más exacta y eficaz de la voluntad común de un pueblo, ha estado en el caso de ambas naciones, manchada desde nuestros orígenes con esa sangre rebelde que nos divorció a la fuerza de la entonces “madre patria” España. Tal como dice el artículo de la BBC, fuimos nosotros, los venezolanos, quienes libramos la guerra para liberar a todo un continente.

Los grandes pensadores de latinoamérica fueron primordialmente los venezolanos; los ideales libertarios y republicanos tuvieron gran acogida dentro de la élite colonial de la Capitanía General de Venezuela. Nuestros académicos, profesores, pero por encima de todo, cabecillas de alta estirpe, idearon una nación libre, americana y “colombiana” (por Colón), la cuál bautizaron románticamente de “Patria Grande”.

La Patria Grande pasó por la mente de muchos, de maneras distintas. Desde Miranda hasta Piar, pasando por supuesto por Bolívar, hubo un auge espontáneo —y casi adelantado a su tiempo— de post-nacionalismo en nuestro continente. Siempre he creído como patriota venezolano, que ha sido el destino de Venezuela liberar a América; la sangre que corre por nuestras venas, hispana, africana y nativo-americana nos ha caracterizado a nosotros de una manera muy peculiar. El fulgor bochinchero que tenemos adentro nos empuja a vivir la vida con una pasión inmesurable.

Tenemos bolas, los venezolanos. No sólo hemos liberado varios países. También hemos sido la tercera potencia latinoamericana, junto a Brazil y Argentina, y posteriormente, la primera en ser un refugio regional de la democracia y la igualdad de oportunidades para todos por igual. En el siglo XX, Venezuela fue primer y único país de Primer Mundo de Latinoamérica. Fue entonces cuando la misma esencia violenta de esa sangre que corre por nuestras venas nos condujo al abismo en el que hoy vivimos.

Es con rabia y frustación que tengo que entender que mi país, históricamente una gran nación, no sólo para nosotros sino también para su región y para el mismo mundo, está en el despeñadero como nunca antes lo había estado ninguna otra nación civilizada. En el exterior se habla de que vivimos una “crisis” económica, pero el mismo FMI ha determinado que según los parámetros de medición macro-económica, la situación venezolana pasó de ser una crisis económica a lo que se llama una depresión económica desde el 2017.

Es como la famosa “Gran Depresión” de los EEUU, bueno, así vivimos los venezolanos. No importa el nombre con el que se diga; a final de cuentas, aguantamos. Aguantamos lo que sea porque el pueblo venezolano es un pueblo luchador, guerrero, valiente. Y aunque la paz debería ser el camino para lograr los cambios políticos que nos regresen al menos la estabilidad y la democracia, estoy convencido de que, sea como sea, será por la esencia de nuestra sangre libertaria que se propiciará el cambio.

Venezuela necesita una revolución. Sea pacífica, sea violenta; sea política o sea armada. Sea como sea, Venezuela tiene que reinventarse y reconstruirse. Es fácil para los extranjeros pedirnos que permitamos al gobierno oprimirnos eternamente, pero eso sería tan fácil como permitir que Hitler y compañía tomaran Europa para sí mismos, sin que nadie hiciera nada, porque la violencia no resuelve los problemas.

Es cierto. La violencia tiene que ser la última opción, pero nuestra naturaleza igual sigue dándonos la oportunidad de defendernos cuando hace falta. Cuando los tipos malos atacan, hay que tratar de negociar y resolver las cosas con diplomacia, pero cuando se hace visible que a ellos no les importa la diplomacia y tan sólo la ven como una oportunidad para aprovecharse aún más de tí, pues entonces no te queda más que tener bolas, coraje, valentía y dignidad. Hay que defenderse uno y a lo que uno ama.

La violencia mal aplicada es una agresión vil y funesta, pero la violencia también es parte de nosotros, y bien aplicada, es un método de protección de aquello que no puede defenderse por sí mismo, o que necesita de otros para poder hacerlo. Por eso existen los ejércitos, y es por eso que Venezuela intentó liberar a un continente. Fue la colonia venezolana la que contaba, en aquella oportunidad, con la capacidad de dirigir las guerras de indepedencia de los países suramericanos.

El problema con la no-intervención es que deja solos a aquellos que están siendo oprimidos, humillados, a aquellos que están demasiado heridos como para seguir luchando. Si tú vas por la calle y ves que alguien está sufriendo una injusticia, ¿no te acercas a ayudarlo, ó por lo menos, a hacer algo que pueda reducir su sufrimiento? El cuidar y proteger a otros es parte de la naturaleza humana, y las maneras de lograrlo siempre tienen que adaptarse dependiendo de la situación.

Colombia no ha sido fría ante nuestra situación. Han sido muchos los venezolanos que se han refugiado en la nación hermana para protegerse, para cuidarse ellos y sus seres queridos, han sido muchos los que han huído al oeste para resguardarse de la tiranía chavista. Pero el exilio no es la última solución que nos queda, y el refugio no es la última opción que tiene Colombia para ayudarnos.

Si ya nos hemos alzado en contra de la tiranía, podemos volver a hacerlo. Eso sí, las revoluciones justas han de ser siempre en nombre de la justicia, de la libertad, de la democracia, y no tienen porque ser siempre armadas. Podemos alzarnos pacífica y democráticamente, pero con una violencia suprimida y contundente que sacuda al régimen dictatorial de Maduro y Cabello.

Colombia puede ayudarnos. Brazil puede ayudarnos. América puede ayudarnos. Al final, importa que los venezolanos recordemos quienes somos: un pueblo valiente y determinado, a pesar del bochinche natural que nos caracteriza. No es hora de la fiesta ni hora de la alegría. Es hora de tomar con seriedad nuestro futuro. Tenemos que asumir las riendas de nuestro destino, y coger al toro por los cachos, como quién dice.

Si algo se ha aprendido a lo largo de la historia, es que cualquier método es justo para obtener la libertad, siempre y cuando la libertad obtenida sea tan justa como los métodos usados para conseguirla. Bolívar y los próceres no tienen por qué ser signo de la desesperación y el recuerdo de ésta revolución tiránica y opresora, injusta y chavista, sino que pueden ser el recuerdo de la esperanza y de nuestra identidad en el continente, en el mundo; el recordatorio de esa revolución libertaria que hace alrededor de 200 años, nos hizo libres.

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A medio mundo

A medio mundo voy al mundo en un instante,
caigo de pie sobre la Tierra que me dejaste salvaje,
como inhóspito desierto de tu arrojo y mi coraje,
mientras nado por las aguas en la búsqueda de palabras que no falten,
en ese momento de decirte que eres mía, que bien sabes,
que los años nunca pasan ni envejecen,
que no dejo de llevarte en esto, aquí adentro,
entre estepas y montañas y tesoros invaluables,
de esos recuerdos de mil vidas y mañanas en los que nunca se pierda,
aún en el silencio,
la manera de decirte que lo único que quiero
es que entiendas que te quiero y que te pienso,
que te extraño de alguna manera
y que sólo basta con que digas,
en palabras o entre risas, como quieras,
que te amo si lo pides,
que es tan simple, querida,
como alzar la voz en un suspiro de los nuestros y te juro que lo escucho,
atento, en el medio del viaje, aquí o entre mil mares,
ese instante milagroso en que me llames,
y pongamos nombre de una vez por todas al amor en su embalaje.

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